El cierre de 2024 ha puesto de manifiesto tanto los avances como las debilidades del sistema energético español. La actualización del PNIEC refuerza el papel central de las energías renovables, pero también evidencia disfuncionalidades estructurales derivadas de la elevada penetración de tecnologías intermitentes y de la falta de flexibilidad y almacenamiento en el sistema eléctrico.
En este contexto, la energía termosolar se consolida como una solución estratégica para garantizar la estabilidad del sistema, reducir la volatilidad de precios y avanzar en la descarbonización, no solo del sector eléctrico, sino también de procesos industriales que requieren calor a media y alta temperatura. Su capacidad de almacenamiento y su aporte de firmeza la convierten en una tecnología imprescindible para afrontar con éxito los retos de 2025.
La revisión del marco regulatorio y la apuesta decidida por tecnologías que aporten valor sistémico serán determinantes para consolidar un modelo energético sostenible, resiliente y competitivo.