España cuenta con soluciones probadas para avanzar en la transición energética y reforzar la estabilidad del sistema eléctrico, y la termosolar se sitúa en el centro de esta estrategia.
Con más de una década de operación fiable y capacidad de almacenamiento térmico, estas plantas pueden generar electricidad cuando el sistema lo necesita, reducir vertidos de energía renovable y descarbonizar procesos industriales.
Para aprovechar todo su potencial, es necesario un marco regulatorio estable y subastas que reconozcan su valor de sistema, fomentando innovación, empleo especializado y seguridad energética. El año 2026 se presenta como la oportunidad de transformar estas capacidades en hechos concretos.
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