Acelerar las investigaciones en las distintas tecnologías y fijar un marco regulatorio e incentivos para su desarrollo es clave para apuntalar el cambio de modelo.

Si hasta ahora lo interesante de la energía es que ni se crea ni se destruye y solo se transforma, el futuro pasa por añadir un ‘y sobre todo, se almacena’. Para configurar el nuevo modelo energético que marca el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), donde se recoge que en 2030 el 74% de la energía eléctrica deberá proceder de fuentes renovables y avanzar hacia la descarbonización total, el almacenamiento resulta clave para hacer frente a la generación intermitente de las renovables.

El Gobierno ya ha anunciado que en 2023 abrirá sus puertas el Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético. Ubicado en Cáceres, esta infraestructura pionera se centrará en la investigación y el desarrollo de tecnología de almacenamiento energético y su integración con las energías verdes. «Nos debe ayudar a conocer, desarrollar y a relacionarnos con el almacenamiento de energías basado en diferentes tecnologías, incluso las que aparezcan en el horizonte. Nos debe permitir ensayar también con la generación de hidrógeno, con la catálisis para producción de combustibles sintéticos y con el almacenamiento térmico», señaló la ministra Teresa Ribera durante el anuncio de su creación.

Su ubicación en Extremadura no es casual, ya que con 3.877 megavatios en servicio, hoy representa la mayor potencia instalada en fotovoltaica del país y es la primera en contar con plantas fotovoltaica flotantes conectadas a red o en impulsar una fábrica de células de baterías.

A la espera de que este centro se ponga en marcha, las investigaciones sobre almacenamiento energético llevan tiempo en auge fuera y dentro de nuestras fronteras. El Instituto Tecnológico de la Energía (ITE) trabaja en numerosos proyectos sobre almacenamiento energético y nuevos materiales. «Resulta fundamental para hacer un uso eficiente de la energía renovable y no desperdiciarla. Las baterías de ion-litio son las que más se están posicionando para este fin, porque son capaces de almacenar mucha energía y su potencia es buena», indica Leire Zubizarreta, responsable de la línea de baterías del ITE. Sin embargo, reconoce que por delante tiene el reto de alargar su vida útil, la sustitución de materiales escasos y su coste poco competitivo, por ahora.

Por ello, ahonda en la importancia que tienen las investigaciones en el campo de su reciclaje y degradación. «Se está trabajando en nuevos materiales, en la posibilidad de sustituir el litio por el sodio o en baterías de flujo redox. Pero es importante concebirlas desde su ecodiseño para que puedan tener no solo un correcto reciclaje sino una segunda vida. Por ejemplo, para que las baterías de los coches eléctricos puedan servir luego para almacenamiento estacionario en una planta fotovoltaica o en una eólica», precisa esta experta, quien se muestra convencida de que «a pesar de los retos que existen en todo la cadena de valor de las baterías, hay un boom investigador y una necesidad de almacenamiento cada día mayor para alcanzar esa transición verde. Desde el ITE llevamos más de diez años investigando. Baterías novedosas y más baratas no tardarán en llegar, incluso para el almacenamiento energético en los hogares», sentencia Zubizarreta.

José María Yusta, ingeniero industrial, profesor de la Universidad de Zaragoza y experto en mercados energéticos, tiene claro que «no será posible prescindir del gas si no disponemos de almacenamiento» y señala que en lo que se refiere a baterías todavía queda camino en España: «En otros países hay más incentivos y llevamos un retraso considerable. Tenemos una hoja de ruta pero no un marco regulatorio para los proyectos». Yusta augura que España acabará teniendo los precios más competitivos y baratos de la energía. Este experto señala que, aunque se investiga en diversas tecnologías como almacenamiento mediante hidrógeno, aire comprimido o energía térmica en termosolares, el almacenamiento más competitivo a día de hoy es el bombeo hidráulico reversible. «Las baterías tienen una vida útil de unos veinte años y van perdiendo eficiencia, mientras que el bombeo hidráulico lleva más de un siglo almacenando energía».

Las centrales hidráulicas de bombeo son un tipo de central hidroeléctrica que utilizan un sistema de turbinas hidráulicas para producir electricidad a partir de la energía potencial almacenada en el agua de un embalse e incorporan un sistema de bombeo que permite volver a impulsar el agua al embalse. Estas instalaciones funcionan con dos embalses, uno superior y otro superior. «Bombear agua al embalse superior tiene un coste en electricidad, pero este coste varía a lo largo del día. Así, en los periodos de alta demanda de electricidad, la central funcionará de la forma habitual para producir electricidad. En los periodos de baja demanda de electricidad, el agua se bombea hacia el embalse superior y se almacena para soltarse en periodos de demanda de electricidad. Se trata de una tecnología muy eficiente y flexible. Más de un 90% de la potencia de almacenamiento energético de Europa es de este tipo. En España hay varios proyectos en marcha, como el de Salto de Chira en Gran Canaria», explica Javier Sánchez Prieto, doctor en ingeniería mecánica y director del máster de Energías Renovables de la Universidad Internacional de La Rioja.

Este experto coincide en que «la transición energética no podrá ser definitiva si no somos capaces de compensar el suministro intermitente de energía que aportan las renovables. Para poder integrarlas en el sistema de generación de energía es necesario combinarlas con un sistema de almacenamiento energético». Y puntualiza que, aunque tecnología de baterías eléctricas ha experimentado un gran desarrollo y los costes se están reduciendo de forma significativa, aún es necesario aumentar su vida útil y favorecer la reutilización y reciclaje de sus componentes. «Por suerte, las baterías eléctricas no son la única forma de almacenamiento energético y las fuentes de energía renovable actuales pueden combinarse con sistemas de almacenamiento mecánico, térmico y químico». En esto último, las investigaciones y proyectos con el hidrógeno verde comienzan a hacerse un hueco importante. No obstante, para experto, la clave está en combinar todas las tecnologías de almacenamiento existentes para lograr los objetivos de descarbonización.

Energía del sol
Las centrales termosolares con almacenamiento se posicionan fuerte en este mix energético verde y todo apunta a que en el futuro hibridará con la fotovoltaica. «España lidera el sector y sus 2.300 MW de potencia instalada, que supone aproximadamente un tercio de la capacidad mundial, y nuestras empresas han participado en más de tres cuartas partes de todos los proyectos termosolares del mundo», señala David Trebolle, secretario general de la Asociación Española para la Promoción de la Industria Termosolar (Protermosolar). «Estamos muy ilusionados ante una reactivación de la industria termosolar», afirma, en referencia a la subasta de renovables que tendrá lugar el próximo 25 de octubre, y donde por primera vez concurre a la termosolar con 220MW.

Héctor de Lama, director técnico de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), coincide en señalar que lo importante es contar con más y novedosas tecnologías (aunque defiende en especial la fotovoltaica y las baterías) para poder hacer frente al almacenamiento de energía verde. Y recuerda que España tiene todos los mimbres para lograrlo: «Para la hidráulica de bombeo contamos con una increíble orografía, para la eólica todo el viento que favorece ser una península, un sol increíble e investigadores en proyectos punteros».

Fuente: ABC.