En estos momentos se está hablando mucho de nuevas subastas de renovables con el aparente objetivo de cumplir los compromisos 2020 al menor coste posible.

Partiendo de la base de que lo que necesita el sector de las renovables en España, además de la restitución a las condiciones que motivaron las inversiones y que ya será cosa de las sedes de arbitraje y de los tribunales, es, al menos, la estabilidad retributiva frente a las incertidumbres que periódicamente emergen de la reforma en vigor. Queremos señalar que en una planificación energética rigurosa debería primar el concepto de competitividad en valor.

Y esto es ahora para España más importante que nunca, ya que no es previsible que se construya ninguna nueva central de carbón, de gas o nuclear en nuestro país y si es muy probable que una buena parte del parque de carbón ya no esté operativo dentro de unos años, que varios ciclos combinados se vayan también cerrando por obsolescencia y que incluso a las centrales nucleares no se les prolongue su vida operativa más allá del plazo de concesión inicial.

La competencia en el mercado es absolutamente deseable, pero, precisamente en estos momentos y con el escenario descrito para España, la competencia no debería basarse en el criterio cortoplacista del menor coste de generación, sino en analizar cuáles son más competitivas en términos de valor al sistema, concepto más amplio que, por supuesto, también lleva implícito el precio de producción del KWh.

Las centrales termosolares vienen demostrando en España su fiabilidad desde 2007. En los meses de verano de este año 2016 contribuyeron en casi un 4% a la generación peninsular, resultando significativo que, aunque la potencia fotovoltaica es aproximadamente el doble que la de la termosolar, su contribución apenas superaba en una décima a la de la termosolar desde principios de junio a finales de septiembre. Aunque no se ha instalado en nuestro país ninguna nueva central termosolar desde 2013, estas plantas continúan alcanzando nuevos hitos. Por ejemplo, en 2015 se superaron los 5 TWh de producción anual y en 2016 se ha pasado, en varios momentos puntuales, del 9 % de contribución a la generación.

También resulta de interés constatar como las centrales termosolares con almacenamiento contribuyen a la carga base nocturna aportando una potencia superior a los 700 MW desde la puesta del sol hasta las 5 de la madrugada. Algunas de las 18 centrales con almacenamiento funcionan sin interrupción las 24 horas del día durante sucesivos días soleados del verano, reduciendo su producción agrupada a los 250 MW hasta que vuelve a salir el sol para no tener que parar la turbina.

La característica diferencial del almacenamiento frente a otras renovables ‘fluyentes’ dota de gestionabilidad a las centrales termosolares e incrementa su valor para el sistema eléctrico. Por ello, la planificación de nueva capacidad renovable debería ir incorporando una cantidad progresivamente creciente de renovables gestionables y no basarse exclusivamente en el cortoplacista criterio de coste de generación y que el respaldo sea asumido por el sistema.